lunes, 16 de julio de 2012

Los intocables afortunados.

Está más que claro: ningún gobierno se atreve a repartir los efectos de la crisis proporcionalmente a la capacidad económica de los ciudadanos y empresas. Todo lo contrario, la crisis va a ser caramente pagada por los más desfavorecido e injustamente cobrada por los afortunados (que tienen fortuna) del país. Por otro lado, ningún gobierno se atreve a minorar la pesada carga de la estructura del Estado que unos y otros pusieron sobre nuestros hombros, todo lo contrario, unos y otros engordan la estructura para poder seguir colocando parásitos del partido gobernante. ¿Cuanto podríamos ahorrar si adaptáramos esas estructuras a lo estrictamente necesario? y ¿cuanto podríamos recaudar si se exigiera un esfuerzo a los intocables afortunados, de la misma proporción que se está exigiendo a los paganos de la crisis.

El gobierno anterior pasará a la historia con el calificativo de "manirroto" y el gobierno actual como "creador de pobres". Pero ninguno pasará a la historia por su valentía para legislar y gobernar con leyes socialmente justas. Ni España ni los españoles merecemos estos políticos, pero estos políticos son los que tenemos y a ellos tenemos que exigir que el esfuerzo sea realizado por todos, pero de forma efectiva y no solo por los de siempre. Este gobierno, si quiere ser creíble ante los ciudadanos debe convencernos de que las grandes fortunas contribuyen con proporcionalidad a la disminución del déficit.

Dejo algunos artículos ilustrativos sobre la estafa que estamos sufriendo los más afectados por la crisis:

"La continuada caída de la recaudación en el Impuesto sobre Sociedades ha provocado que se analice en detalle cómo están tributando las empresas. Y el resultado, aunque esperado, no ha dejado de sorprender. El tipo nominal del Impuesto sobre Sociedades es el 30% (25% para las pymes), pero las exenciones y deducciones de que gozan las empresas hacen que el tipo efectivo lo que realmente pagan sobre sus beneficios no supere el 10% de media, según un análisis interno de la Agencia Tributaria.
Esto quiere decir que, por un resultado contable positivo de 163.678 millones de euros por el ejercicio 2009, la base imponible se reduce a 90.900 millones y la cuota a pagar por el Impuesto sobre Sociedades de esas empresas se sitúa en poco más de 16.000 millones.
El tipo efectivo sobre beneficios era del 19,9% en el año 2006
Y todo, o casi todo, dentro de lo que permite la normativa fiscal española, que lleva a que las empresas paguen la tercera parte de lo que el tipo teórico del impuesto indica. Mientras había bonanza económica no preocupaba, pero la crisis y la falta de recursos públicos ha hecho que cada vez se levanten más voces críticas con el diseño del tributo.
Normalmente, el tipo efectivo que se utiliza públicamente es el calculado sobre la base imponible. Si se hace sobre la base imponible, el tipo efectivo es el 18% y no el 10%, pero para saber de verdad cuánto se paga por los beneficios obtenidos es más correcto calcular el tipo efectivo sobre el resultado contable positivo. Si se hace sobre la base imponible, se impide conocer el efecto de rebaja fiscal que tienen las exenciones y compensaciones previas a la cuantificación de la base imponible.
La recaudación de Sociedades ha caído a menos de la mitad entre 2007 y 2009. A la rebaja del tipo nominal del impuesto (del 35% al 30% como tipo general y al 25% para pymes) se sumó la crisis económica y la consiguiente reducción de los beneficios empresariales, pero la pérdida de recaudación ha sido más aguda que la propia caída de beneficios.
La recaudación por Sociedades cayó un 39% en 2008 y un 26% en 2009
En 2008, cuando se declaró por el ejercicio 2007 en el que se registraron beneficios récord, la recaudación por Sociedades cayó un 39%. En 2009 se sumó otro descenso (del 26,1%), y en lo que va de 2010 sufre una disminución del 18,2%.
"La caída de más del 60% de la recaudación en Sociedades es inexplicable. Hay demasiados beneficios fiscales", señala Francisco de la Torre, portavoz y secretario general de la Organización Profesional de Inspectores de Hacienda.
Son las exenciones y las deducciones de las que se benefician principalmente las grandes empresas las que provocan esa baja imposición real, aunque no hay que descartar otros factores. "El Impuesto sobre Sociedades está muy poco controlado y no se inspecciona, sobre todo a las pequeñas empresas. La mayoría no paga casi nada por este impuesto. El 70% de la cuota lo aportan entre poco más de 1.500 grandes empresas. Además, permite a empresarios individuales eludir el IRPF y cargar gastos personales como si fueran empresariales", afirma Ignacio Zubiri, catedrático de Hacienda de la Universidad del País Vasco.

Reforma fiscal

En los últimos diez años, debido a las modificaciones normativas, el tipo efectivo sobre beneficios empresariales ha disminuido a menos de la mitad: era el 22,8% en 1999 y ha caído al 10% en 2009. Esa reducción se ha concentrado en los últimos tres años, cuando ha bajado del 19,9% de 2006 al ya citado 10%.
"Una reforma en serio de Sociedades afectaría de forma más importante a las grandes fortunas"
Del análisis detallado del impuesto surgieron varias voces dentro del Ministerio de Hacienda reclamando una revisión de las deducciones y exenciones fiscales en Sociedades. Las grandes empresas son las más beneficiadas por estos incentivos que, sin embargo, no son nada eficientes según explica Ignacio Zubiri: "Hay multitud de incentivos más que cuestionables en el impuesto. Habría que quitar la mayoría o reducirlos y tener sólo deducciones técnicas como la de doble imposición. Pero las que se plantean para incentivar el empleo o la inversión son caras y no son efectivas porque nadie va a invertir en una coyuntura económica mala por un incentivo fiscal y si lo hace, peor, porque si una inversión necesita un incentivo fiscal para ser rentable es una mala inversión".
"¿Nos lo podemos permitir?", se pregunta Francisco de la Torre. Con las deducciones y exenciones que se aprobaron para estimular a las empresas españolas a instalarse fuera "sale más a cuenta invertir en el exterior que aquí y se están creando los empleos fuera", señala De la Torre. "Es mejor ir al modelo de Irlanda, que tiene un tipo impositivo del 12,5%, pero al menos lo exhibes y atraes inversiones. Se puede bajar el tipo del impuesto a cambio de suprimir deducciones", concluye.
Y una última consecuencia a tener en cuenta: "Una reforma en serio de Sociedades afectaría de forma más importante a las grandes fortunas y a las rentas altas que subir el tipo marginal del IRPF", según el portavoz de los inspectores de Hacienda.

Fomentar el endeudamiento

Las empresas españolas han salido masivamente al exterior porque se les ha dado un gran beneficio. Si sale al exterior y sufre pérdidas, la empresa se lo deduce; y si obtiene ganancias a través de una filial que tributa allí, trae los dividendos exentos. Por eso, si las empresas del Ibex recuperan beneficios, pero lo logran fundamentalmente por su actividad en el exterior, como ocurre con Banco Santander o Telefónica, no repercutirá en las arcas del Estado español. A eso se añade que, si la empresa se endeuda para hacer esa inversión en el exterior mediante un préstamo que solicita la matriz española, los gastos financieros de ese préstamo se los deduce en la declaración de impuestos en España. De esta manera, se reduce la base imponible aunque se batan récord de resultados. Con esta deducción se fomenta el endeudamiento empresarial, según expertos consultados, porque nadie se plantea utilizar su propio capital. Se trata de un apalancamiento fomentado fiscalmente cuando uno de los primeros problemas de la economía española es la elevada deuda privada" .

 
"Por fin el PP ha decidido aumentar los ingresos fiscales subiendo fuertemente los impuestos. Pero al igual que recientemente hizo con el IRPF sobre las rentas salariales, la subida pesará y recaerá sobre las clases trabajadoras. La pieza clave del aumento de ingresos radica en el incremento del IVA. El resto de medidas impositivas van a tener menos incidencia inmediata.
Como es sabido, el IVA es un impuesto indirecto que pagan los consumidores finales y tiene una fuerte carga regresiva, pues tiene escasas modulaciones para corregir los efectos perversos que provoca. Es un impuesto "fácil" que pesa sobre la población -con escasos recursos para oponerse- y no sobre los detentadores de las fuentes de riqueza -ricos también en instrumentos de presión-.
La subida del tipo general del 18% al 21% y del reducido del 8% al 10% supone que el 60% de los bienes y servicios reflejados por el PIB se verán afectados. Además diversos bienes y servicios dejan de tributar con el tipo reducido y pasan al general. Ello significa que no solo se incrementa para bienes de lujo o bienes prescindibles, sino también para bienes de primera necesidad como el vestido, el transporte de viajeros, la vivienda, la electricidad o el agua, y afectará a bienes y servicios como telefonía, gafas graduadas y lentillas, pañales, peluquerías o alimentos elaborados, así como a bares, restaurantes y hoteles.
El tipo más bajo quedará en el 4% y afectará a alimentos frescos -como leche, huevos, frutas, verduras y legumbres-, libros y periódicos, material escolar, medicamentos y viviendas de protección oficial. Pero ello no significa que los precios de, por ejemplo, los alimentos no vayan a subir pues los productores repercutirán en sus precios los 400 millones de euros que deberán pagar por el incremento de dicho impuesto en sus consumos y adquisición de maquinaria.
Ningún bien, por tanto, se verá exento del encarecimiento. Los precios subirán de forma generalizada, contribuyendo con ello a la erosión de la capacidad adquisitiva y a un mayor deterioro de la demanda agregada. La OCU cuantifica el incremento medio del gasto al año en 415 euros por familia, y otras estimaciones en casi 800 euros.
Si a las actuales subidas añadimos las habidas en julio de 2010, cuando el tipo general pasó del 16% al 18% y el reducido del 7% al 8%, nos encontramos con que el IVA -tan regresivo en términos sociales- aumentó en dos años un 23,8% en el tipo general y un 30% en el tipo reducido. O sea, cada familia gastará de media 800 € más que en 2010, lo que significa que para una gran parte de la población casi un sueldo mensual se le irá en aumentos del IVA.
En 2010 la recaudación se incrementó en 5.000 millones de euros anuales. Ahora el gobierno estima que aumentará en 7.500 millones en los doce meses posteriores a la entrada en vigor del impuesto. Craso error, la situación de estancamiento hoy es más grave que hace dos años. Es por tanto más que probable es que la recaudación no aumente, porque el aumento del tipo se verá contrarrestado por la bajada de actividad. Desde medios gubernamentales se argumenta que Alemania estableció una subida de tres puntos en el IVA en 2007, del 16% al 19%. Lo que no aclaran es que lo hizo en un momento en que su economía crecía por encima del 3%. En el caso español, la previsión del gobierno para 2012 es que el PIB caerá un 1,7% y la demanda interna un 4,4%.
En nuestro país, debido al fin de la metástasis inmobiliaria, la permisividad con el fraude fiscal y la bajada incesante de impuestos sobre las rentas del capital desde 1996, la presión fiscal sobre el PIB se ha situado en niveles muy por debajo del área comunitaria, particularmente del área euro. Ello ha sido una de las principales causas del rápido incremento del déficit público, cuando en 2007 se partía de un superávit. Y, por tanto, es uno de los factores que presionan sobre el incremento de la deuda pública.
A partir de este momento se va dar la paradoja de que España sea a la vez uno de los países de la UE con menor presión fiscal y sin embargo tenga uno de los IVA más altos. O, sea, incrementa la regresividad fiscal. Desde el inicio de la crisis actual, de los 27 estados miembros de la UE, 17 han subido el IVA. Solo Hungría y Rumanía aprobaron un incremento superior al anunciado por el gobierno, pero partían a su vez de tipos menores. En la zona euro, solo Grecia, Irlanda, Portugal y Finlandia mantendrán un tipo impositivo, el 23%, superior al español.
¿No hay más soluciones que las propuestas por el gobierno español y la troika comunitaria? Las hay y en todos los órdenes. Basten unas pistas hacia otro horizonte. Si hablamos de deudas: ¿Ha de pagar la ciudadanía las deudas de bancos y empresas? ¿Toda la deuda es legítima? ¿Hay que pagar de golpe toda la legítima? Si hablamos de finanzas: ¿Por qué no convertir el negocio financiero privado en una gran banca pública que invierta en actividad productiva y maximice el bienestar social? ¿Por qué no combatir la depresión de la demanda con incrementos generalizados de salarios y pensiones? Si hablamos de paro y producción, ¿Por por qué no repartir el trabajo y el empleo reduciendo la jornada laboral? ¿Por qué no impulsar inversiones masivas en energías alternativas, sanidad, enseñanza o investigación? Si hablamos de déficit: ¿Por qué no combatir y erradicar el fraude fiscal, estimado en un 6% del PIB (es decir, un monto de 70.000 millones euros, equivalente a lo que el gobierno quiere ahorrar y recaudar sobre las espaldas de los más débiles)? ¿Por qué aceptar las transacciones con paraísos fiscales? ¿Por qué no incrementar la imposición sobre las ganancias empresariales y acabar con refugios como las SICAV en un país donde el Impuesto de Sociedades tiene un tipo efectivo en torno al 10%, debajo incluso del tipo nominal de la Irlanda pre-rescate situado en el 12,5%? ¿Por qué no restituir el impuesto sobre patrimonio y crear además un impuesto a las grandes fortunas?
Estas y otras muchas preguntas apuntan hacia medidas posibles y razonables, que harían posible que la crisis no la pagasen las clases trabajadoras y populares. Para ponerlas en pie se necesita acumular energías sociales y políticas que acaben con la orientación antisocial que ofrecen quienes gobiernan en la UE y en Madrid".


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